martes, 19 de abril de 2011

El libre albedrío es una ilusión


George Nolfi, guionista de éxitos como Bourne: El Ultimátum o La Nueva Gran Estafa, incursiona en la dirección con Agentes del Destino, guión que realiza a partir de un cuento del escritor de ciencia ficción Philip K. Dick, y que aborda el libre albedrío como una illusión.

Philip K. Dick comenzó a ser adaptado al cine con Blade Runner (1982), basada en ¿Sueñan los Androides con ovejas eléctricas?, cinta emblemática para el movimiento ciberpunk y en general, para el género de ciencia ficción. Posteriormente, aparecerían muchas adaptaciones más, de las que destacan El Vengador del Futuro (Total Recall), Sentencia Previa (Minority Report) y Una mirada a la oscuridad, siendo esta última, una adaptación tan justa como Blade Runner, por mantener una interpretación dentro del plano existencial del ser humano.

Agentes del Destino, comienza en la vida de David Norris (Matt Damon), un candidato a Senador  del Estado de Nueva York, quien conoce a Elise (Emily Blunt) justo el día de las desfavorecedoras elecciones. Entre los dos surge una conexión sin precedentes, sin embargo, la casualidad no lo es todo, y el destino parece tener planes distintos para ellos.

La idea del plan maestro, que tanto ha producido preguntas a lo largo de la historia, adquiere una materialización e incluso una burocracia, mediante un  misterioso grupo de hombres dedicado a la generación de accidentes, como derramar un café, que alteren toda la cadena de eventos en función de El Plan.

Las narraciones de Philip K. Dick están caracterizadas por una paranoia persecutoria y por un temor existencial sobre no ser realmente quien uno cree ser. En la historia de Agentes del Destino, se pone en tela de juicio la toma de decisiones en función de una entidad superior que decide el curso histórico. Aunque el cuento original, escrito en la década de los cincuenta, apuntaba hacia la problemática de la guerra fría, el guión de Nolfi actualiza el fundamento de la trama, para una mejor explotación comercial.

La película, lejos de plantear un estado paranoico al estilo Ciudad en Tinieblas, se enfoca en un thriller de acción, muy al estilo de la saga Bourne. Además de la acción, la cinta consigue aportar una buena dosis de amor, lo que quizá sea su característica más interesante, al tratarse de una película de ciencia ficción, unida a la fascinante química entre las actuaciones de Matt Damon y Emily Blunt.

Lamentablemente, la tan equilibrada balanza entre ciencia ficción, acción y romance concluye en un desequilibrio cuando la porción de romance, adquiere mayor peso que la parte más trascendental de la película, y los temas de inseguridad por la autenticidad y libertad del ser humano, terminan por colocarse en segundo plano, por lo que, tras el desenlace, es inminente la sensación de mediocre armadura, sin ser, del todo insatisfactoria.


Cuadro por cuadro

Roland Emerich, conocido por sus producciones apocalípticas como Día de la Independencia y El Día después de mañana, prepara una cinta de ficción histórica, en la que se plantea la posibilidad de que William Shakespeare no sea el verdadero autor de sus obras, sino que éstas habrían sido escritas por un autor anónimo. *** Ya se encuentra en rodaje la secuela de la adaptación del videojuego Silent Hill, la cual contará con la participación de Carrie-Anne Moss (Trinity, en Matrix) y del brillante Malcom McDowell (Naranja Mecánica).

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